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Tu cuerpo se deforma para dar forma

Tu cuerpo se deforma para dar forma

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Son demasiados los cambios internos como externos, necesitás tomarte tus tiempos para reconocerte.

Durante el embarazo, en el transcurso de pocos meses, se van aumentando muchos kilos. El esquema corporal se modifica y el cuerpo resulta desconocido.
Tu cuerpo está cambiando, la ropa que siempre usaste ya no te queda como antes. Parecés “gorda”; te sentís “gorda”. Tu cuerpo está cambiando y no lo podés controlar.
El desborde es inminente: hagas lo que sea tu peso y tus formas van variando. Tu cuerpo se “deforma para dar forma” a un nuevo ser: tu hijo.





El espejo te devuelve una imagen que no reconocés y por dentro tu cuerpo tampoco es el mismo.

Al querer comer tu plato preferido, por algún “mágico” motivo tu organismo lo rechaza… Entonces aprovechás a comer lo que te dan ganas… ¿y si engorda?… Total… Ya estás gorda.

Poco a poco empezás a sentirte más cómoda con tu nuevo cuerpo… Casi te gusta. Te mirás al espejo de frente, de costado, te acariciás la panza que ya tomó otra forma y asentís con la cabeza: una leve sonrisa se dibuja en tu cara ya más redondita, rozagante de felicidad y pensás: “me veo muy bien, mi bebé está creciendo”. Y para completar este sueño arrollador llega el día de una nueva ecografía. Tu ansiedad se disipa: ¡ahí está! Ahora sí lo ves, escuchás los fuertes e incansables latidos de su corazón; los huesitos de su columna se pueden contar con la mirada, llegás a las piernitas y a sus piecitos y comenzás otra vez por la cabeza. Sus manos se cruzan por la pantalla del ecógrafo como una fugaz visión… ¿Pudiste contarle los deditos?
nuevas formas de tu cuerpo

Una paz y un bienestar nunca experimentados te invaden. Estás embarazada y tu panza sigue creciendo… pero ya no te preocupa. Tu hijo crece sano y fuerte y aprendiste a caminar (vos y tu hijo) por tu casa sin arrastrar con tus torpes movimientos ningún mueble ni mesas en un bar. Tu andar es cada vez más lento, pero dominás la situación.

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La siguiente ecografía no es lo que esperabas: el cuerpito de tu hijo lo vas visualizando por partes y te cuesta identificarlas en la pantalla. Ya ésta le queda chica, igual que tu vientre.

¡¡¡Qué sueño tenés!!!

El cansancio te gana y la cama no es lo que siempre fue. El colchón está viejo, la almohada se deformó. ¿No sabés cómo poner la panza ni tus piernas? ¿No podés conciliar el sueño y dar vueltas en la cama tratando de acomodarte es tu misión nocturna?

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Te molesta tu panza; ya no podés verte los pies y tus pechos reposan sobre tu vientre como abrazando lo que está por venir, como un llamado interno entre tu ser y el de él, que ya ya quiere ser… El momento está llegando. Prepará el bolso con la ropita que pronto se va a llenar con su cuerpito, de necesidad de vos, exigencias inmediatas… Esta gran ilusión ¿querés que sea? Tu hijo está llegando.

Lic. Ida Gaglianone
Psicopedagoga – Instructora de Gimnasia Especial Pre y post-parto

Lic. Miriam Martínez
Psicóloga

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