El
primer baño del bebé es una experiencia maravillosa...
pero, ¿por dónde empezar? ¿Qué detalles se deben tener en cuenta para
que la hora del baño sea un rato placentero para
vivir en familia?
Pasadas 48 horas de la caída del
cordón umbilical ya se puede bañar al bebé.
Dicha caída se produce alrededor de los 7 días
pasados del nacimiento del bebé. Si el bebé
permanece sin bañarse entre 10 y 15 días no
existe ningún problema. Si se desea, antes de la
caída, lo que se pueden realizar son baños
de esponja, humedeciendo la misma y refrescando con ella
el cuerpito del bebé.
Bañar al bebé puede ser una experiencia maravillosa
para los papás y para el niño. Hay bebés
que disfrutan desde el primer baño y otros que lloran
porque indudablemente es algo nuevo, y no todos son iguales
y sienten las mismas sensaciones. Les puede incomodar estar
desnudos y que los estén mojando. Si ocurriese esta
última situación, les recomiendo colocarle
una batita finita de algodón o envolverlos en un
pañal de gasa durante los primeros baños,
y luego, de a poco se le va retirando este accesorio.
PREPARACION
El ambiente debe estar con una temperatura agradable, cálido
sin llegar a ser caluroso.
La bañaderita debe ser cómoda, donde el bebé
pueda entrar completamente. Debe estar apoyada sobre una
superficie dura y segura, para que no vaya a resbalarse.
Se debe tener en cuenta la altura en que quedará,
para que no exija una postura incómoda, muy encorvada,
para la persona que bañará al bebé.
Se puede colocar la bañera sobre
la bacha de lavarse las manos, la mesada de la cocina o
la mesa, siempre que resulte un lugar seguro.
Se deben tener a mano todos los elementos indispensables
para el baño:
• Jabón neutro, sin perfume (preferentemente
de glicerina o coco)
• Toallón suave
• Pañal limpio
• La ropita limpia que se le pondrá al bebé
Manos a la
obra:
Una vez que la bañaderita contiene el agua limpia,
tibia, a una temperatura entre los 35¼C y los 37¼C, sosteniendo
al bebé ya sin ropitas, comenzamos a introducir sus
piernitas en el agua.
Lo importante es hacerlo lentamente para
que el bebé vaya tomando confianza con el agua y
regulando su temperatura. Cuando el bebé ya tiene
su cuerpito dentro del agua, comenzamos sin soltarlo a higienizárselo
con el jabón neutro, dejando para último momento
la cabecita. No hay que preocuparse por la parte blanda
del cráneo, que en realidad por dentro es dura y
no sufrirá daño alguno.
Al finalizar el baño, se toma el toallón y
se envuelve al bebé en el mismo.
El bebé debe sentirse seguro, cómodo, protegido,
mimado y querido en todo momento. Es muy bueno hablarle
o cantarle mientras se lleva a cabo todo este proceso.
Se le coloca el pañal y la ropita limpia que se ha
dejado preparada.
• Dra. Marisa Gandsas
Médica pediatra |