Las fotos corresponden a un parto
asistido en la Ciudad de Buenos Aires realizado por el Dr.
Burgo y su equipo.
"A
la mujer dijo: multiplicaré en gran manera tus dolores
y tus preñeces; con dolor parirás los hijos;"…
GENESIS Cap.3 v.16
Con
esta frase, enuncia el primer libro bíblico, el castigo
proferido por Dios a toda mujer, como consecuencia del conocimiento
de su desnudez y su sexualidad. El mandato divino condena
así a la mujer occidental, a parir con dolor y temor.
La sentencia profética ha impactado en nuestra cultura
y se ha popularizado, cuántas veces, cuando queremos
referirnos a alguna situación difícil y dolorosa
de atravesar decimos …¡esto es un parto!!
Miles de años pasaron de la reprimenda de Dios a
Eva y muchos esfuerzos se han realizado por conjurar los
fantasmas del sufrimiento femenino. "Parto sin temor
y sin dolor" ha sido el leimotiv que iniciara los primeros
movimientos de la llamada psicoprofilaxis obstétrica.
Los recursos se multiplicaron de la mano de los avances
tecnológicos, alejándonos, de la posibilidad
de observar y reflexionar sobre los significados que para
cada mujer tienen sus dolores y sus temores que sí
existen en su realidad.
La ciencia y la tecnología funcionan en este caso
haciéndose cargo, responsabilizándose, por
aquello que le acontece a cada mujer en su parto: "no
tengas miedo, no vas a sentir nada".
Los
invito por un momento a pensar en esta posibilidad: ¿si
cambiamos el modo de parir y nacer, cambiaríamos
el modo de sentir la vida?
El
miedo y la ansiedad alrededor del dolor del parto se transmite
de generación en generación, fundado en sistemas
de creencias, mandatos familiares, hábitos culturales
y disposiciones personales. Los dichos y consejos se escuchan
por bocas de madres, abuelas y tías bienintencionadas:
"las primerizas sufren más", "el embarazo
a veces se pasa tranquilo pero te queda lo peor, el parto",
"si te quejás ahora vas a ver cuando llegue
el momento del parto".
Se habla de "los dolores del parto" no de las
contracciones, entonces surge la recomendación: "el
dolor es insoportable, decile al médico que te coloque
anestesia".
"No tengas miedo, no vas a sentir nada". La anestesia
peridural, constituye el recurso actual por excelencia contra
el dolor, a pedido de las parturientas y muchas veces impuesto
por los actores médicos. Recurso utilizado indiscriminadamente,
por rutina, que provoca una disminución en la capacidad
de las mujeres de recrear sus estrategias personales para
transitar los momentos de ansiedad, temor, sorpresa y también
de dolor en los que el parto las coloca.
Un
profesional médico se preguntaba hace poco tiempo
en una entrevista: ¿si colocamos anestesia por un
dolor de muelas por qué no colocarla para el parto?
¿Qué
significa esta comparación? ¿Es lo mismo sacarse
una muela que parir un hijo? ¿Estamos hablando del
mismo dolor?. No, absolutamente no, el parto no es enfermedad,
ni infección, ni supone extracción.
Cada mujer tendrá su respuesta ante el dolor. Porque
cada una habrá dotado de un significado distinto
al dolor de su parto: por su historia personal y por la
construcción de tolerancia al mismo.
Es
claro que los fenómenos biológicos desencadenados
en el parto, vinculados a la dilatación en el período
expulsivo y al recorrido del niño por la vagina y
el interior de la pelvis hasta su salida por la vulva, provocan
estímulos y reflejos que son percibidos por la conciencia
con la sensación descripta como "dolor".
El malestar generado y el alerta frente al desagrado, mueven
a la imaginación por caminos, que sólo en
la intimidad de cada mujer se pueden explicar. Tal vez el
sentimiento de desgarro físico y más profundamente
el temor a la pérdida y a la muerte sean los pilares
del desaliento frente al dolor.
Es válido frente a tales angustias el requerimiento
al quehacer médico de la anestesia peridural, y es
bueno que así sea, sólo y exclusivamente para
quienes sienten el pánico frente al desborde producido
por el dolor.
Pero
qué cuentan las madres después de atravesar
una experiencia en que la anestesia fue una imposición
médica: cuentan que alguien se apropió de
su deseo y que les han robado la posibilidad de sentir.
No sólo de enterarse de qué se trataba ese
dolor, sino de la oportunidad intuída, de experimentar
en el parto sensaciones placenteras. "No tengas miedo,
no vas a sentir nada", si anestesiamos el dolor otras
sensaciones también se anestesian.
Existe
un grupo de mujeres que piden explorar sus posibilidades,
su tolerancia, que no necesitan se les imponga la rutina
de la anestesia. Son esas mamás que quieren descubrir
su postura más cómoda para parir y no verse
condenadas a estar acostadas con las piernas colgadas.
Mujeres que quieren conectarse con esas sensaciones íntimas
y a partir de esa comunicación consigo misma idear
y recrear estrategias para tolerar el dolor y dotarlo de
nuevos significados.
La posibilidad de una preparación alternativa a la
que se ofece tradicionalmente, es el camino de un reencuentro
con esos nuevos significados, en los que el dolor es desplazado
de la conciencia hacia un lugar de menor angustia.
La
opción de deambular duranto el parto en un ámbito
que no recluya a la mujer a la posición acostada
y que favorezca la adopción de posiciones más
apropiadas. La inmersión en agua cálida en
el propio hogar, agregará en el período dilatante
una sensación de alivio importante.
El acompañamiento de un equipo profesional cuidadoso,
respetuoso y afectivo, le permitirá a la pareja de
padres encontrar juntos maneras de estar, que harán
del dolor del parto, una sensación tolerable.
Es necesario, llegado este punto, establecer una distinción
muy clara entre el significado de sufrimiento y de dolor.
Surge esta cuestión, por el frecuente decir de espectadores
de una parturienta: "cuánto está sufriendo",
"no la hagan sufrir", o los varones que dicen
"no la puedo ver sufrir a mi mujer". Y también,
considerando los temores femeninos, que como hemos mencionado,
vienen de tiempos lejanos: "yo no quiero sufrir en
el parto".
El sufrimiento es un sentimiento vinculado, la mayoría
de las veces, a la íntima sensación de soledad,
de ausencia de acompañamiento, de la falta de calidez
de un cuerpo a cuerpo afectuoso y solidario, que impulse
a ensayar caminos para tolerar el dolor. Durante el parto
muchas veces, son los propios dispositivos médicos
los que aislan a una mujer de ese contexto tan necesario,
para impedir que el dolor se transforme en sufrimiento.
El dolor es sólamente una percepción que acompaña
a una sensación física.
El
parto es una experiencia de crecimiento personal para la
madre, para su hijo, para el padre, para todos. La posibilidad
del dolor, exacerba nuestros temores y limitaciones y nos
enfrenta con ellos. Esto, hace al carácter crítico
de ésta experiencia, que se constituye en una oportunidad
para ser aprovechada. Frente a esos sentimientos, se requiere
la búsqueda de solidaridad, de afecto y de confiar
en las propias posibilidades, las del propio cuerpo, las
de las emociones y las de los instintos.
Quienes acompañamos este proceso, debemos inhibirnos
de decidir qué es lo que le conviene a cada mujer,
y no confundirnos con nuestra propia ansiedad de controlarlo
todo: a los demás, a la propia naturaleza, a nuestros
propios fantasmas. En base a sus expectativas frente al
dolor, cada mujer hará una elección personal
e intransferible del tipo de parto que desee .
La experiencia del dolor en el parto puede ser un punto
de partida para un aprendizaje, para aquellos que estén
dispuestos a desafiarlo y un punto de llegada hacia un mundo
de nuevas sensaciones por explorar.
Dr.
Carlos R. Burgo
Ginecólogo - Obstetra
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