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Estrías durante el embarazo
Estrías durante el embarazo
Pueden tratarse y desaparecer?

En este período tan especial, cargado de felicidad, temores, ilusiones, angustias, sentimientos tan contradictorios, ¿por qué no disfrutar del sexo con el ser querido, si nos proporciona placer?

Nuestra cultura impone un modelo de mujer embarazada marcado por conductas socialmente pautadas y determinadas. Se supone que una futura mamá está sumergida en un mundo de fantasías y sensaciones con el hijo que está gestando y por lo tanto no tiene tiempo ni lugar para el deseo sexual. Todos le tocan la panza con ternura, como queriendo acceder así al milagro de la creación.

Se construye en torno de ella una imagen casi sagrada, en la cual el erotismo y el goce sexual están tácitamente prohibidos. Su cuerpo ya no responde al modelo femenino que supuestamente despierta el deseo del varón. Por el contrario, las redondeces pueden hacerla tener una imagen asexuada de sí misma.

Sin embargo, este estereotipo no concuerda con lo que experimenta una mujer embarazada que ha sabido asumir su sexualidad en plenitud, conociendo su cuerpo y descubriendo el goce como un camino íntimo y apasionante. En estas mujeres, la maternidad potencia su sensibilidad y hasta puede aumentar su deseo sexual, vivido de una manera diferente, con limitaciones y plenitudes, pero sin dejar de ser deseo.

Cuando ella se embaraza, vive la transformación como un regalo de la naturaleza. Se divierte si sus pechos exultantes no aceptan los límites de un viejo corpiño, coquetea con la ampulosidad de sus caderas y disfruta de las nuevas humedades que se desprenden de su cuerpo.

Es la que, si se mira al espejo, se descubre extrañamente provocativa con esos kilos que redondean sus contornos. Su cuerpo guarda un secreto y en su interior pulsante se agita la vida.

A pesar de los cambios, puede este período transformarse en el de mayor goce sexual

Por otro lado, la familiaridad que esta mujer tiene con sus genitales le permite confiar en su habilidad y sabiduría para parir, decidiendo libremente –mediante conversaciones con su obstetra- si desea o no anestesia, o cualquier otro tipo de intervención artificial o quirúrgica.

Ella tiene la certeza de que irá descubriendo lo que debe hacer, como lo hizo alguna vez con el placer, con su tiempo y a su manera. Y compartirá con su pareja las ondulaciones rítmicas que su cuerpo le impone en cada contracción. El parto puede convertirse entonces en un encuentro de amor maravilloso. Cuerpo a cuerpo, padre y madre irán librando una danza de movimientos, jadeos, gemidos y dolores, que como presencias inevitables, le abrirán a su hijo el camino hacia la vida.
Estará pariendo desde sus entrañas a través de esa vagina con la que algún día aprendió a jugar, conocer, disfrutar, compartir y amar.

• Lic. Viviana Tobi

Psicóloga - sexóloga
info@tobinatal.com.ar