| En
ese encuentro el médico le informa que están
dadas las condiciones y que será internada
inmediatamente.
Le colocan un goteo y pasadas unas pocas horas, sin
haber tenido contracciones francas y sin trabajo de
parto, le informan que hay una alteración de
los latidos del bebé y entonces es necesario
efectuar una cesárea. Bebé sano y mamá
bien.
El médico en los días inmediatos posteriores
y sin que la mamá tuviera inquietudes le reitera
en varias oportunidades que no se preocupara que ya
tendría oportunidad para un parto vaginal.
Ahora y en esta nueva espera siente que fue engañada,
sin ninguna posibilidad de opinar y decidir nada sobre
su experiencia.
Esta suele ser una anécdota habitual en la
historia del parto y del nacimiento. Estos hechos
siempre estuvieron rodeados de temores, teñidos
con las fantasías y los mitos del dolor.
Atormentados con la posibilidad de la muerte propia
o del bebé a causa de un imprevisto, la angustia
así generada devino en una respuesta del campo
médico que se convirtió en una "rutina
de atención del parto". Rutina que se
fue modelando con la incorporación de una amplia
gama de tecnología científica y se definió
como el modelo médico de atención.
Hoy muchas mujeres y varones, como Judith y Eduardo,
después de su experiencia dicen "quiero
un parto natural" . Inmediatamente provocan entre
la familia y los amigos voces que se horrorizan, asediados
por fantasmas de lo primitivo, sufrimientos y riesgos,
y que piensan que estos futuros papás han enloquecido.
Pero ¿qué reclaman estos padres? Reclaman
respeto por sus propios tiempos, buen trato, cuidado
por la intimidad de la pareja, que no haya intervenciones
innecesarias, no atar a las mujeres como objetos en
una cama de partos sin poder deambular si lo necesitan,
poder experimentar estrategias para soportar el dolor,
etcétera, etcétera. En fin, pretenden
sentirse protagonistas plenos de esta experiencia.
Poseen la esperanza de que su parto sea único
y exigen toda la paciencia y la comprensión
de quienes fueron convocados para ayudarlos.
Solicitan la posibilidad de elección, cuando
las mujeres están informadas, de parir en cuclillas,
paradas, en el piso, o como les plazca.
Es en la búsqueda de un parto natural que han
surgido diversas propuestas: parto vertical, parto
ecológico, parto en el agua, parto domiciliario,
parto humanizado.
Todos estos modelos son visiones parciales de recursos
que confluyen en una única necesidad: humanizar
una experiencia enormemente impregnada de aspectos
tecnológicos innecesarios.
Si de modelos hablamos, y cada pareja tuviera la oportunidad
de reflexionar cómo transcurrir el parto y
el nacimiento, nos encontraremos con tantos modelos
como mujeres pariendo. Sin embargo, al analizarlo
desde la perspectiva a la cual fue llevada, es decir
desde el campo médico, sólo existe un
único modelo de asistencia: una rutina en la
cual la programación es más cómoda
para la vida moderna de médicos y parejas apurados,
temerosos y sobrecargados de actividades.
Con la convicción de asistir a un momento de
trascendencia de un núcleo familiar particular
y único, es como debemos acompañar parteras
y médicos. Conteniendo y disponibles para cualquier
ocasión que se presente, respondiendo a las
necesidades de los padres y sólo observando
esta circunstancia original, recurrir a los instrumentos
tecnológicos si son necesarios para resolver
una necesidad vital superior. Una cesárea no
es terrible, sólo su abuso desvela a muchas
mujeres.
No es mucho pedir, aunque pareciera que los impedimentos
abruman. Pero aquellas mujeres que perciben maltrato
en el modelo clásico de atención y buscan
la satisfacción que desean para transcurrir
esta experiencia, en un modelo basado en la libertad
de elegir, merecen la oportunidad de saber y conocer
cómo lograrlo. Desde hace tiempo en un encuentro
mensual que coordinamos en nuestro equipo, numerosas
parejas se acercan en la búsqueda de diferentes
alternativas.
La mayoría de las mujeres pueden atravesar
el parto sin necesidad de un dispositivo de medicalización
y lograr una experiencia gratificante con un sostén
emocional efectivo y con respeto a las contingencias
propias de la misma.
La posibilidad reclamada cada vez más por un
número importante de mujeres es un modelo alternativo
a la asistencia habitual, que requiere:
• la presencia de un equipo de profesionales
facilitadores de la vivencia plena de mamá,
papá y niño por nacer, que entiendan
que ellos son los protagonistas exclusivos de esta
experiencia conmovedora, vital, dolorosa y placentera.
• derecho a la intimidad y a la posibilidad
de elegir en qué lugar parir: la casa o una
institución, rodeados de un clima sin urgencias
y respetuoso de sus deseos y necesidades;
• con quién estar acompañada al
momento de parir, con el varón jugado cuerpo
a cuerpo con su mujer y en algunos casos con alguna
persona cercana afectivamente a ellas, si así
lo desean;
• cómo parir: de pie, en cuclillas, en
el agua, con música o en silencio, con gritos
o exclamaciones, con llanto o con risa, con temores
o certezas, como lo sienta;
• sin intervención médica innecesaria:
enemas, rasurados vulvares, goteos, anestesias, episiotomías;
• con el debido respeto a este ser por nacer
en sus necesidades de rápido contacto con el
regazo de su madre e inicio pausado de su respiración
espontánea.
Dr. Carlos R. Burgo
Ginecólogo - Obstetra |