Uno
y mil motivos pueden existir por los cuales el bebé
llore. ¿Te pusiste a pensar en que el pequeño
estuvo durante nueve meses en un lugar muy especial, donde
nada le faltaba y no sentía molestia alguna, y de
pronto tiene que conocer otro mundo?
Tu
hijo está en tu panza, donde se siente protegido,
mimado, no tiene frío ni calor. No tiene hambre y
está en su mundo, donde todo está bien. Es
lo que él conoce. De pronto, pasadas las 40 semanas,
tiene que abandonar un lugar tan saludable, donde desde
que era apenas una semillita muy pequeña, fue formándose,
creciendo, y ahora se siente desalojado. ¿Qué
sucede entonces?
Luz, cambio de temperatura, ruidos desconocidos, roces que
siente en su piel. Es extraño, diferente, todo nuevo...
El pequeño llora... ¿Tiene otra manera de
expresarse, de hacer saber que se siente en otro mundo...
que no sabe cómo será?
Y no se equivoca. Es otro mundo. Es otro el lugar que habita.
Ocurren otras cosas.
Lo tocan por aquí y por allá. Le falta esa
protección y esos sonidos que ya le eran familiares.
De
pronto puede sentir frío o calor. Hambre.
Le molesta tanta claridad. Que le coloquen pañales
y ropitas. Que lo limpien.
La
teta y el sentir los latidos del corazón de mamá,
apoyándolo contra su pecho, pueden calmarlo. Sos
vos que con tus caricias, teniéndolo tan cerca, susurrándole
palabras suaves y cariñosas, con tanto amor que tenés
para brindarle, hará que se calme. Y sos vos quien
de a poco debe hacerle conocer este nuevo mundo. Ante cualquier
cambio, llorará. Es lógico. Es todo nuevo...
y siente miedo.
No
puede manifestarlo de otra manera que no sea llorando. Si
tiene algún dolorcito; si se despierta y se encuentra
solo, ya sea con luz o a oscuras. Si siente algún
ruido, si está incómodo por estar sucio, mojado,
si tiene hambre, sed... o simplemente no siente el calorcito
interno que le brindaba tanta seguridad y confianza. Tenés
que hacer que vaya recuperándola, que sienta el placer
de estar entre tus brazos, y luego en los de otros que lo
quieran, que le brinden seguridad y bienestar. Que sienta
que es querido y entendido. Ya te vas a acostumbrar a los
distintos “llantos”. Entonces sabrás
qué quiere decirte. O por lo menos vas a tratar de
comprenderlo y estarás a su lado, sosteniéndolo
y demostrándole lo importante que es él para
vos.
|