En muchos
lugares se habla de "Estimulación Temprana";
en la tele, en las revistas, en carteles... Información
de la más diversa llega a nuestros oídos y
es entonces cuando se nos aparecen miles de preguntas respecto
de nuestros hijos. ¿Será que hay que llevarlo
a que lo "estimulen"? ¿Será que
yo tengo que hacerle tal o cual cosa para que sea más
"inteligente"? ¿Será que la Estimulación
Temprana es para todos los bebés? etc...
Resulta que, cuando se habla de Estimulación Temprana,
no siempre se refiere a lo mismo. Numerosa parte de los
profesionales que nos dedicamos a esta disciplina, pensamos
que se trata de una clínica que se ocupa de atender
a bebés y niños pequeños (de 0 a 3
años) con problemas de desarrollo.
Es decir, bebés que posean alguna patología
orgánica por la cual se les vea afectada su audición
o el habla, o el movimiento o la postura, o su inteligencia.
O bien, aquellos bebés que son diagnosticados por
los pediatras como poseedores de un retraso madurativo inespecífico
y no hay ninguna causa orgánica aparente que se pueda
relacionar con el desfasaje de sus acciones respecto de
su edad cronológica.
Y esto no implicaría que los demás
espacios que se ofrecen con este nombre para niños
sin dificultades sean desautorizados; sino que la decisión
de concurrir o no, va a estar relacionada con el deseo de
cada pareja de padres de compartir un espacio especial con
su hijo, donde se pueda jugar, nadar, entre otras cosas
que se ofrecen. Es decir, por supuesto que será muy
importante ofrecerles a nuestros hijos los estímulos
adecuados para la edad que estén transitando, siempre
y cuando esto no se convierta en tareas o deberes que obstaculicen
la relación de ser mamá o papá de un
bebé.
Con esto me refiero a que cuando nosotros,
los que pertenecemos a la generación de ser padres
hoy en día nos criamos, no existía la "Estimulación
Temprana", y sin embargo, acá estamos, haciendo
cada uno lo que tenía que hacer, ni más ni
menos inteligentes que si hubiéramos hecho "Estimulación
Temprana", ni más ni menos hábiles, etc...
Nadie puede enseñarnos a ser padres; cómo
lo hagamos tendrá que ver con la historia de cada
uno, con el modelo de padres que tengamos, con cómo
fuimos alguna vez siendo hijos. Digamos que cada uno "sabe"
ser padre o madre de una manera singular. Y en este hacer
tan particular de cada uno, vamos aprendiendo cosas nuevas,
aplicamos los consejos de la abuela, o los de la tele, rectificamos
algunas acciones y desechamos otras según la respuesta
del bebé. No obstante, cada mamá sabe bien
qué hacer con su bebé, qué necesita,
qué le pasa, qué está pidiendo y sabe
también qué cosas pedirle. Nadie sabe más
que ella. Por otra parte, un bebé se irá desarrollando
mejor, en la medida que se le ofrezcan y se le pidan las
cosas adecuadas para su edad. No obstante, no será
un bebé avanzado por esto, sino que hará las
cosas que su maduración neurológica le permita,
proceso que tiene sus tiempos.
Sin embargo, algunas cosas
se modifican y se complican cuando una pareja de padres
tiene un hijo con "problemas"... Muchas veces,
los padres no saben bien qué hacer, qué ofrecerles,
qué pedirles, etc.
Entonces es éste el lugar de la clínica de
la Estimulación Temprana, donde el especialista le
ofrece a los padres un espacio donde se les sostienen las
inquietudes, las preguntas, las experiencias relacionadas
con la crianza del bebé que presenta alguna problemática
que interfiere en su desarrollo.
Se ofrece en un lugar de acompañante
de esta crianza donde el terapeuta escucha a los padres
pero principalmente se ocupa de averiguar quién es
Camila o Pedro o Luis... Qué quiere, qué le
pasa, qué necesita, cuáles son sus posibilidades
y también sus imposibilidades, más allá
de la problemática que presente.
Es decir que el terapeuta de Estimulación Temprana
se ubica por un lado, en el lugar de sostén de los
padres en la crianza de "este" hijo, y por otro
lado, en un lugar de favorecedor para que el bebé
se apropie del lenguaje y la comunicación, del movimiento
y la postura, del conocimiento del mundo, de sus hábitos,
de su juego, etc.
Y en la medida en que va creciendo y va dejando de ser bebé,
aparece un nene que se apropia de las herramientas que le
permiten desenvolverse y relacionarse en el mundo como un
niño más; personita única y singular
que se define por ser quién es y no por la patología
que porta.
• Prof. Silvina
Gasó
Especialista en Estimulación Temprana |