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Pero todo no es
bueno, como tampoco significa que estés alimentándote
como corresponde; ingiriendo todas las vitaminas que te
proporcionan los diferentes alimentos, para que tu bebé
y vos se encuentren en óptimas condiciones.
Todas las embarazadas no tienen los mismos
síntomas, ni viven el embarazo de igual modo. Lo
primero que debés hacer es consultar con el ginecólogo
sobre todas tus dudas. El sabrá responderte. Controlará
tu peso, de acuerdo a tu estatura y a la actividad física
que realices, indicándote una dieta lo más
balanceada posible, para que vos y tu bebé se encuentren
bien alimentados. Se estima que el aumento de peso de la
embarazada debe ser aproximadamente entre los 9 y 12 kilos.
La bebida más adecuada es el agua. Los jugos recién
exprimidos contituyen un aporte muy valioso en vitaminas.
Las frutas no deben faltar en tu dieta. Todos los lácteos,
que no sean descremados (leche, yogur, quesos, etc.), les
brindarán grasas, proteínas y calcio. Manteca:
¡con moderación! Las carnes bien cocidas, de
vaca, aves y pescado, proporcionan proteínas, hierro,
calcio, yodo, magnesio y flúor, entre otras. Los
huevos cocidos, no deben estar ausentes... y las verduras
son indispensables.
Las de hoja verde, muy bien
lavadas, brindan ácido fólico (para prevenir
malformaciones). Si están demasiado cocidas, pierden
las vitaminas. Las fibras harán un gran aporte al
organismo. NO al café, té, colas (son excitantes)
ni las alcohólicas. Los aceites: de oliva, girasol
y maíz. Sal: poca, ya que provoca retención
de líquidos y puede elevar tu presión arterial.
Esta es una breve reseña sobre qué alimentos
te conviene consumir y cuáles no. Que la balanza
se incline por la salud y bienestar de los dos.
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