| Un
niño demasiado exigido desde los adultos o
con alto nivel de autoexigencia, puede manifestar
trastornos que son producto directo de estas situaciones.
Cuando hablamos de estrés infantil hacemos
referencia a la sintomatología expresada por
el niño, como alteraciones en el dormir, en
el comer o manifestaciones psicosomáticas (trastornos
somatomorfos) que se expresan a través de cefaleas,
vómitos, espasmos, dolor estomacal, que son
consecuencia directa de situaciones estresantes. A
estos desencadenantes del estrés en el niño,
los llamamos “estresores”, teniendo en
cuenta que la sintomatología que manifiesta
ese pequeño, disminuirá o desaparecerá
ante la desaparición del factor estresor.
Factores estresores pueden ser, la discusión
de los padres frente al niño, la separación
de éstos, una mudanza, el cambio de escuela,
el nacimiento de un hermano, la posibilidad de intervención
quirúrgica o la sobre exigencia.
En este punto podemos reconocer como víctimas
frecuentes de esta situación de estrés
a los niños que sufren de trastornos por déficit
de atención (ADD), quienes por desconocimiento
de los padres y maestros, son exigidos en más
de lo que su desatención se los permite, llevándolos
irremediablemente a la disminución de su autoestima
y el temor en toda tarea que puedan encarar. Se sienten
fracasados y desorientados, a pesar de su potencial
intelectual.
En la cultura ciudadana se ha instaurado la búsqueda
del éxito permanente, en especial depositando
estas expectativas en los propios hijos, sin darnos
cuenta del daño que esto puede producir en
ellos. Cabe recordar que el niño busca permanentemente
la aprobación de aquellos que cumplen la función
materna y paterna, pero si ésta no aparece,
seguirá intentando por distintos medios focalizar
su atención, ya sea por medio de conductas
positivas o negativas.
Lo importante será llegar a captar su atención.
Esto explica cómo un niño que no se
siente contenido y amado, puede llegar a manifestar
conductas asociales como la drogadicción, el
robo o el abandono del hogar.
. La mejor medida preventiva ante cualquier manifestación
de estrés en el niño es consultar con
su pediatra o psicólogo infantil.
* Sigmung Freud, “un trastorno de la memoria
en la Acrópolis ”, Obras Completas 1936.
Lic. Daniel Egea
Psicólogo Especialista en
Niños y Adolescentes
www.danielegea.com.ar
|