| El
éxito depende de la repetición día
a día, de las rutinas y de tener en cuenta
que hay que ayudarlo entre otras cosas a diferenciar
el día de la noche, el ruido del silencio,
los horarios de comida, etc.
También los niños y especialmente los
recién nacidos lloran por diversas causas,
no sólo por hambre. Lloran de sueño,
de frío, de calor, etc. Por lo tanto ante el
primer llanto no debemos correr a alimentarlo, se
deben descartar otras causas: que necesite contacto
de mamá y/o de papá. Si se calma no
hay motivo para darles de comer
Diferenciar el día de la noche...
Para ello hay que tratar de que el bebé permanezca
en lugares bien diferentes de día que de noche.
Por ejemplo, de día, el niño puede estar
durmiendo en cualquier lugar de la casa: en el living,
en la cocina, pudiéndolo colocar en el cochecito
y no en su cuna o cama. No debe importar si en la
casa hay ruidos, no es necesario que obliguemos a
toda la familia a permanecer en silencio. Si hay que
pasar la aspiradora no es necesario suspender la tarea
para que no se despierte, lo mismo si el papá
quiere escuchar música o tocar la batería...
Si nuestro objetivo es que diferencie el día
de la noche, lo normal es que de noche haya más
silencio. La casa, la calle, todo está más
quieto.
Lo mejor es reservar la cuna para la noche, que de
día duerma en otro espacio.
Aprovechar los ratos en que está despierto
para hablarle, mimarlo, jugar con él, así
empezará a distinguir entre el estar dormido
y despierto.
Establecer rutinas...
La hora del baño puede ser por la tardecita/noche,
es decir antes de su última comida y de su
sueño nocturno, que aunque todavía no
esté establecido, se trabaja para que en el
futuro sí lo esté.
Observar que el niño duerma con ropa cómoda,
que no tenga frío ni calor.
Intentar que concilie el sueño en su cunita,
solito, es decir sin pasearlo en brazos. Es aconsajable
acostarlo y cantarle o hablarle despacito contándole
que se va a dormir y dejarlo para que solito se duerma.
Esta parte es la más difícil; generalmente
los recién nacidos se duermen mientras se alimentan.
Si es así, luego de comer se espera que haga
provechito y que se despierte apenas un poco, luego
se lo acuesta. Esto tiene como objetivo que el bebé
ya desde sus inicios reconozca su cuna como lugar
de dormir, no los brazos de la mamá, ni el
cochecito, ni el sofá. De esta manera cuando
se despierta en la mitad de la noche estará
en el mismo lugar donde se durmió. De lo contrario
querrá repetir esa última experiencia,
la de dormir en los brazos, o en el cochecito, o en
el sofá.
Si bien los recién nacidos están en
una etapa que el despertar tiene que ver más
con el hambre que con repetir la última experiencia,
es la edad ideal para comenzar a enseñarles
este hábito de dormirse solos en su cunita.
Dra. Marisa Gandsas
Médica Pediatra
Autora del libro “El pícaro sueño”,
Ed. Continente.
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