Le
llama puerperio al período que sucede después
del parto, durante el cual toda mujer se enfrenta
a los efectos físicos y emocionales de haber
dado a luz.
Evidentemente la mujer cambia. Su vida, inevitablemente,
da un vuelco. No puede ser la misma porque si bien
estando embarazada tenía en su vientre una
personita que dependía totalmente de ella,
de los cuidados que ella le brindase, estaba dentro
suyo y la acompañaba en todo momento.
Pero en esta oportunidad nos vamos a ocupar específicamente
de aquello que le pasa a la mujer y cuáles
son los cuidados posibles como para "prevenir"
en estado de salud.
Las sensaciones habituales durante el postparto
son contradictorias. Se puede decir que son tantas
y tan variables que nada deja de pasarnos. Desde
el regocijo hasta el agotamiento; la alegría,
los temores, la incertidumbre y la tristeza.
Es sumamente importante que la mujer se informe
antes del parto.
Al estar el bebé ya fuera de su panza, otras
cuestiones que hacen a la maternidad convergen.
Entre ellas podemos mencionar la lactancia, la sexualidad,
su reinserción laboral, sus ocupaciones diarias,
etc
Muchos de los malestares emocionales están
vinculados a contradicciones entre la realidad y
la idealización que se generó durante
el embarazo; de lo que significa convertirse en
madre. Además confluyen los temores sobre
la salud del bebé, si se estará haciendo
lo correcto y haber atravesado por la experiencia
del parto en sí mismo.
Entre las sensaciones mencionadas, como la tristeza
y la angustia, podemos decir que provienen de dos
fuentes diferentes: una que tiene que ver con lo
fisiológico y otra con lo emocional.
Desde el momento mismo que el bebé se separa
de nuestro cuerpo, en el parto, se genera un cambio
hormonal sumamente importante. Todo nacimiento está
impregnado de incertidumbres.
Para la mamá, una inquietud que le puede
atormentar de singular manera es la de verse en
su función maternal. ¿Cómo
cumplirá con este rol?
Como antes mencionamos, cada mujer vivirá
este momento de distinta manera y también
puede llegar a ser muy diferente al idealizado antes
del parto.
Es sumamente importante que la mujer se informe
antes del parto. Muchas tienen la ilusión
de tener hijos, cosa que de alguna manera les es
inculcada desde muy pequeñitas, ofreciéndoseles
muñecas para jugar.
Pero evidentemente, las cosas cambian en la realidad.
Por eso viene muy bien informarse: saber que una
ya tendrá otras responsabilidades que sumar
a las ya conocidas.
Es fundamental el acompañamiento que se le
ofrezca a la mujer, de parte de su pareja, de su
médico de confianza, de sus familiares, amigos
y otras mujeres que estén en igual situación.
En un primer momento, después del nacimiento
del bebé, existe una especie de caos.
Se atravesó por un especial suceso (el parto),
que por más rápido, acogedor y sin
molestias haya transcurrido, sin lugar a dudas es
movilizante. Luego, el estar internada, según
el caso, el aprender a darle la teta a nuestro hijo;
las posibles molestias ocasionadas después
del parto; el cansancio; el recibir visitas; aprender
a cambiar los pañales; limpiar correctamente
el cordón umbilical... y el regreso a casa.
¡¡¡Esto es lo que llamamos Maternidad
a pleno!!!
De la imagen vital de nosotras mismas atendiendo
a nuestro hijo, dándole la teta, limpito,
durmiendo, pasamos a vernos a nosotras mismas con
cierto malestar físico, más débiles
y como mareadas ante todo lo que sucedió
tan rápidamente.
El organismo debe acomodarse nuevamente al cambio
hormonal; el bebé no duerme cuando nosotras
queremos que lo haga (lo más probable es
que cuando le estamos dando la teta se quede dormido,
despertándose llorando al poco rato si lo
dejamos en su cuna). Tenemos que calmarlo y volver
a la teta, para luego cambiarlo y sí acostarlo.
Esta tarea, en los comienzos nos lleva las 24 horas
del día. Hasta que comprendemos que debemos
acoplarnos de alguna forma a su ritmo, tratando
de descansar en los ratos que él lo hace,
hasta que el pequeño comience un lento aprendizaje
al ritmo circadiano, que es el registro del día
y de la noche.
Es una situación angustiante pero pasajera.
De alguna manera se ve agravada ante la presencia
de un hermanito que también requiere de la
atención de esa mamá. Lo bueno es
que esa mamá ya ha incorporado este período
como incómodo pero necesario.
Ante estos inconvenientes que van surgiendo con
la llegada de un nuevo integrante a la familia,
el cual requiere todo el amor, dedicación
y atención de sus padres, la mujer, que en
realidad es la que vive con más angustia
estos momentos, debe prepararse sabiendo ante todo
que es algo normal y pasajero. Todo es cuestión
de conservar la tranquilidad para buscar soluciones
que alivien dicha tensión.
Es sumamente importante el sostén del papá,
que por suerte, su rol ha cambiado notablemente
y para bien en los últimos años. Con
su acompañamiento, su comprensión,
su ayuda en todas las tareas que le sea posible
realizar y a la vez no exigir que su compañera
cubra las mismas necesidades como lo hacía
antes, estará brindando protección
y apoyo a la mamá. Es imprescindible que
cuide de las horas de descanso de la mujer mientras
el bebé duerme. La mamá debe aprender
a tomarse los ratitos que le permita el bebé
para dormir o dormitar. Aceptar que los malestares
son pasajeros y lo más rápidamente
que pueda y le sea permitido, vestirse, arreglarse
y salir a pasear con su hijo.
Es bueno también que pueda y aprenda a pedir
ayuda: a un familiar, a un amigo, a una vecina,
etc. Es interesante que pueda compartir sus sentimientos
con otras mamás: saber que también
tienen miedos y sentimientos muy parecidos. Esto
les proporcionará confianza y a la vez podrán
experimentar con otras ideas sugeridas por las mismas.
En un grupo, una mamá dice: "Se supone
que debería sentirme completa ahora que soy
madre, pero tengo sentimientos ambivalentes: tengo
que volver a trabajar y temo perder el contacto
con mi hijo. Tengo que estar pendiente constantemente
de sus necesidades, así que no tengo tiempo
para mis otros intereses... perdí mi independencia.
Me siento asustada y desorientada. Necesito el cuidado
materno para mí misma."
Generalmente una se siente bien al estar completamente
absorta por un bebé recién nacido.
Una vez que las situaciones básicas están
cubiertas, es esencial equilibrar esta preocupación
con el interés en el cuidado de nosotras
mismas. Tenemos que hacer a un lado el espíritu
de sacrificio para atender nuestra propia salud,
al igual que lo hacemos con la de ellos, en cada
detalle.
Si mamá y papá están bien,
sanos, contentos y felices; seguros de brindarle
todo su amor a ese ser tan pequeñito e indefenso
que necesita que tanto le enseñen, el pequeño
lo reconocerá y él también
se convertirá en una personita segura, sabiendo
que es querido, cuidado, amado, y feliz de vivir
junto a quienes tanto hacen por él.
La tristeza que se origina después del parto
es normal. La sensación de plenitud que experimenta
toda mujer durante su embarazo finaliza con el nacimiento
de su hijo, suceso que le brinda una inmensa satisfacción,
ya que puede enfrentarse con esa personita soñada
durante nueve meses, con la diferencia que antes
de su nacimiento eran uno solo y las cosas se vivían
de determinada manera.
Ahora que ese bebé ya está fuera de
la panza de la mamá, cambió su vida
y en cierta manera es independiente, lo que produce
una sensación de vacío que genera
tristeza y que en algún punto es vivido como
una pérdida.
Es normal la vivencia de esta situación por
todas las mujeres, de una manera u otra, pero lentamente
se va superando y en poco tiempo una se acomoda
a los nuevos ritmos y tiempos de una casa y sus
actividades personales.
En ciertos casos, esa sensación de tristeza
se vive de singular manera, llegando a convertirse
en patológica.
Estamos convencidas que ser mujer es mucho más
que ser madre. Tampoco dudamos que la mujer que
se convierte en madre tiene un antes y un después.
Pero como todo momento y cada etapa debe ser vivido
plenamente
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Lic. Marta Grinberg
• Lic. Claudia Spektor
Psicólogas pertenecientes a Mujeres hoy
mujereshoy@hotmail.com