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Hay un dictador en la casa

“No me quiero bañar”, ”no voy a ningún lado”, “yo eso no lo hago”

Estas son sólo algunas de las frases que suelen llegar a aparecer en casa de un pequeño dictador. Se trata de niños, por lo general mayores de tres años, que están acostumbrados a hacer lo que quieren, ya sea por imposibilidad de los padres en poder poner límites o por cuestiones constitutivas (niños bipolares).

Nadie nos enseña a ser padres. Sólo contamos con el modelo de nuestros propios padres, resultando común que aquellos que fueron criados dentro de una estructura rígida, suelen responder con la antítesis de dicho aprendizaje. Suelen creer que poner límites a sus hijos es equivalente a coartar su personalidad, y esto es totalmente equivovado, ya que lejos de hacerles un favor, les están generando un daño psicológico irreversible. Sucede que el niño se cree más adulto que sus propios padres, viviendo en una ilusión que obstaculiza la aceptación de las indicaciones del adulto. (padres y docentes).

Suele pasar que las consecuencias comiencen a aparecer en el jardín, donde el niño se topa “con los otros”, sus pares, que seguramente no le tolerarán sus frecuentes mandoneos y rabietas. Las consecuencias son inmediatas: nadie quiere estar con él o ella. Este creciente aislamiento retroalimenta su “furia”, convirtiendo al niño en un ser negativista y desafiante, más aún si sus padres avalan y justifican. El resultado, de no mediar un cambio en esta situación, es un niño desorientado, asocial y triste. Con el correr de los años esta situación no sólo no se supera, sino que se agravará, despertando en la pubertad respuestas altamente reprochables que lo llevarán en su desorientación a lugares como la droga, las tribus urbanas o cualquier modalidad asocial que le permita expresar su disconformidad.

Aquel padre o madre que no puede poner límites y contener (para eso son los límites), cuando su hijo es pequeño, quedará indefectiblemente a merced de los deseos del niño, púber o adolescente, con las consecuencias más desagradables, tornándose inmanejable.

Por eso cuando un niño pega, insulta o no cumple con sus obligaciones, en casa o en la escuela, la función como padres radica en enseñar con el amor característico de padres, que no siempre podrá hacer lo que quiere, sino que vive en sociedad y por ello deberá respetar al otro, así como pretende que se lo respete a él.

Lic. Daniel Egea
Psicólogo niños y adolescentes
www.danielegea.com.ar

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